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Antanas Mockus (Febrero 23, 2009)
No hay norma cultural que sea más fuerte y al mismo tiempo genere más solidaridad que la reciprocidad: favor con favor se paga. Expresión de gratitud y también una base para la cooperación: "Hoy por mí, mañana por ti". ¿Hasta dónde la vida política está gobernada por esta norma? El intercambio de favores es lícito si se hace con recursos privados y sin violar leyes. Hacer favores con recursos públicos, eso sí que está terminantemente prohibido y se llama clientelismo.
Una de las consecuencias es que el nombrado (o contratado) termina teniendo dos jefes: el superior jerárquico formal y quien lo recomendó. Expresiones como "ese es de Yidis" muestran que la clientela es un patrimonio relativamente estable. Como en la mafia siciliana, la gente termina teniendo dueño. El líder clientelista controla una clientela cuya lealtad paga con favores. Favorecer con cargos o contratos es el primer paso de corrupción.
En estos días, voces de fuerzas políticas supuestamente opuestas han salido a la opinión pública a defender el clientelismo, o a dar a entender que conviven con él.
1. EL TIEMPO (17-02-09), bajo el título 'Agarrón de Pastrana y conservadores', dice:
Carlos Holguín, quien aspira a ser candidato conservador en el 2010, cuestionó las afirmaciones de Pastrana. "Es incomprensible. Por un lado, critica que el Partido persigue puestos y dice que no tiene vocación de poder y, hasta donde yo sé, la vocación de poder se expresa en la representación política en los organismos de poder. Sostener que no hay vocación de poder y criticar porque se tiene poder es contradictorio".
2. En entrevista con Clara López en El Espectador (el mismo 17-02-09) le preguntan: ¿qué miembro de la coalición es el que más pide puesticos? Responde: parejitos.
La Constitución dispone que la función pública debe estar al servicio de los intereses generales y que a los cargos públicos, salvo los de elección popular, se acceda por mérito y previo concurso. Contratar sin escoger al más apto es despilfarrar recursos públicos y limitar el alcance de la acción del Gobierno. Lleva a la "captura" del Estado. Cuando el Estado actúa vía favores, su labor de garante de derechos deja de ser percibida como tal. Muy distinto piensa quien matricula a su hijo en un colegio público entendiendo que está ejerciendo un derecho, de quien lo matricula sintiendo que recibe un favor.
El Polo pretende ser alternativa. La pregunta es: ¿a qué? ¿A la violencia, venga de donde venga? ¿Al clientelismo y otras formas de corrupción? ¿Al desmonte de la Constitución del 91? ¿A todas las anteriores?
Gustavo Petro teme con razón que el Polo sea dominado por una alianza entre la lealtad, en el discurso, a la lucha de clases del ala más radical y las lealtades prácticas del ala 'puestera'.
¿Será posible que un partido político en Colombia funcione sin volverse una red de favores que utiliza el poder nominador (los puestos) y el poder de contratación (el presupuesto público) para generar lealtades y reproducirse?
El desarrollo moral (Kohlberg) tiene seis etapas. En la primera, bueno es lo que trae recompensas y malo lo que trae castigo. La norma de la reciprocidad caracteriza a la 2; la 3 incluye un concepto de norma compartida aunque sólo dentro del grupo: "Entre bomberos no nos pisamos las mangueras". La 4 incluye "la ley es para todos", y la disposición a defenderla con argumentos. La 5 y la 6 incluyen adhesión a principios y a reglas procedimentales para reformarlas, la posibilidad de argumentar contra las normas y la desobediencia civil.
Cultura ciudadana ha sido interpretada como un enfoque que promueve la etapa 4. A la luz de algunos estudios, gran parte de la población colombiana está en las etapas 2 y 3. El reto es grande. Por lo pronto, combatamos el cinismo y su preámbulo, el "realismo". Colombia sin clientelismo es imaginable, y localmente ha mostrado ser viable.
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