miércoles, 11 de marzo de 2009

Dosis personal

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Jotamario Arbelaez - El Tiempo - 13 de marzo de 2009

Como fracasamos en la erradicación de la droga, ahora vamos a erradicar al usuario, con el sofisma de distracción de que es un drogadicto. Seamos serios, no se puede decir de alguien que se fuma un 'cacho' o se mete un 'pase' que es un drogadicto. Sería como decir que el que se toma un aguardiente, un whisky o un vodka es un alcohólico. Claro que la droga hace daño, casi tanto como el tabaco, y hay que cuidar de la salud pública. Pero no llevándose al hospital, al psiquiátrico o finalmente a la cárcel al que no es un delincuente y ni siquiera está enfermo, y sólo aspira a evadirse por un momento de la insoportable realidad que se vive o quiere rendir más en la producción o el deleite.

No se pudo con la fumigación de sustancias como el glifosato, que lo que hizo fue envenenar los buenos cultivos, esterilizar la tierra, matar el ganado y enfermar de los pulmones a la población campesina. Tampoco con la tal erradicación manual, en la que no fueron pocos los antiguos 'raspachines', que cayeron víctimas de la retaliación de los dueños del sembradío.

Ha fracasado la lucha contra la droga, en su carácter represivo, dicen los sabios mundiales. Por lo tanto, habría que cambiar la estrategia, lo que necesariamente apunta a la legalización de la droga, única medida que acabaría con el criminal narcotráfico. Pero aquí vamos a profundizar en el error cometido, penalizando la dosis mínima y convirtiendo en enfermos a cargo del Estado a los 300.000 adictos contabilizados por el Ministro. Cifra a la que yo le añadiría por lo menos un cero.

Hay que reconocer que en las postrimerías de su gobierno, el presidente Lleras Restrepo tuvo el brillante cabezazo de convertir la posesión de la dosis de marihuana, de delito en contravención. Así logró descongestionar las cárceles, que estaban llenándose de hijos de papi y de descachalandrados jovencitos de nuestras periferias, hermanados en el hippismo por una cinta en la cabeza y el culto por el rock y los hongos alucinógenos. Pero también habían caído cantidades de gringos melenudos, lo que podía significar un conflicto internacional.

La generación de 'los niños de las flores', la misma que acabó mediante su protesta pacífica con la guerra del Vietnam y el desbocado consumismo del capitalismo, transformó la imagen de la "yerba maldita" y fue convirtiendo su consumo en ceremonia de culto, cada vez más tendiente a la paz y a la comunicación trascendente, como inicialmente lo fueran todas las drogas. Antes de que el tráfico de las mismas tomara fuerza, apoyado en su prohibición.

Tiempos hubo -que sería siniestro que volvieran- cuando los policías que sorprendían a un sujeto con un 'bareto' en los labios o entre el bolsillo le aplicaban la 'mordida' para poder dejarlo libre. Y si no, lo hacía el inspector en la permanencia. O si no, el abogado al reclamar la parte para arreglar al señor juez, para que hiciera el cambiazo, y lo que era el moño de marihuana terminara convertido en cagajón de vacuno. Todo ello a costas de los sufridos padres, para que no se les arruinara la vida a sus herederos.

El nadaísmo cumplió su misión; hoy hasta las damas de acción católica fuman marihuana; lo dijo Amílkar U hace 40 años. Puedo afirmar, con la mano en el fuego del corazón, que ya no la fumo. Fumé marihuana hasta que me supo a cacho, y la dejé cuando vi que se había vuelto el consumo natural de creativos publicitarios, profesores universitarios, burgueses ordinarios, políticos empresarios, empleados bancarios, feministas sin ovarios, escritores de diarios y usuarios varios.

En una sola redada, la policía podrá trastear con medio colegio, mientras el jíbaro pone pies en polvorosa. Cuando toda esta jugada, además de tratar de desprestigiar la erguida posición al respecto de Carlos Gaviria, lo que busca es capturar a los jíbaros que, amparados en el porte de la dosis mínima, hacen su 7 de agosto vendiendo al menudeo, mientras tienen la droga encaletada bajo un sifón. Valdría la pena que buscaran otra estrategia.

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