lunes, 26 de mayo de 2008

¿Un nuevo comienzo para Europa en América Latina?

Carlo Secchi

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-4171682.html


MILAN. Para el 2050, Brasil y México estarán entre las seis principales economías del mundo, según analistas del banco de inversiones Goldman Sachs. ¿Le importa esto a la Unión Europea? ¿Será América Latina la próxima oportunidad de negocios que pierda Europa?

América Latina tiene una población de 550 millones de personas, con un ingreso promedio per cápita anual de 4.000 dólares, inmensos recursos naturales y un capital humano sustancial. Representa el 8 por ciento de la producción mundial y creció en más de 5 por ciento cada uno de los últimos tres años. Aunque Estados Unidos sigue siendo el principal destino de las exportaciones de América Latina y el Caribe, Asia se está volviendo un mercado cada vez más importante de bienes basados en recursos naturales.

A lo largo de los últimos cuatro años, América Latina atrajo un promedio anual de 61.000 millones de dólares de inversión extranjera directa, 60 por ciento de la cual fue a parar a Brasil y México. En los años 90, los inversionistas privados se sintieron atraídos principalmente por los programas de privatización en la región, pero últimamente las fusiones y adquisiciones y los proyectos que parten de cero han sido el tipo más común de inversión. Como era de esperar, España es el principal inversionista europeo en la región, aunque varias operaciones españolas importantes han pasado últimamente a manos de compañías italianas, como la empresa de electricidad Endesa, adquirida por Enel, que ahora es el mayor distribuidor privado de energía de América Latina.

Mientras tanto, las empresas latinoamericanas han ido aumentando sus propias inversiones en el extranjero. En el 2006, Brasil invirtió 28.200 millones de dólares en el extranjero, en comparación con el flujo entrante de 18.800 millones. De hecho, los gigantes emergentes de América Latina y Asia serán actores centrales en la inversión mundial de las próximas décadas. En el 2006, el Grupo Fiat de Italia y Tata Motors de India crearon una empresa conjunta para fabricar motores y vehículos de pasajeros en India. Al año siguiente, extendieron su asociación a América Latina e invirtieron 80 millones de dólares en la producción de una camioneta pick-up de Tata en una fábrica de Fiat en Córdoba (Argentina).

Es de esperar que muchas otras corporaciones europeas importantes sigan este camino. Sin embargo, las empresas pequeñas y medianas (pymes), que representan la mayoría de las firmas tanto en Europa como en América Latina, tienen dificultades para comerciar e invertir a nivel internacional, en parte debido a los altos costes de las transacciones y la información. En Europa, las agrupaciones de pymes parecen tener la capacidad de lograr economías de escala y ampliar su alcance para poder tener éxito de manera colectiva en los mercados globales. Esta experiencia europea está siendo muy estudiada ahora en América Latina.

En Brasil, cuatro sistemas de producción local se han unido para formar Project Promos/Sebrae/BID, basándose en el ejemplo de los distritos industriales de Italia. Entre el 2002 y el 2006, los servicios de apoyo a las pymes de Brasil y la Cámara de Comercio de Milán crearon asociaciones en torno a la fabricación de muebles, zapatos, ropa interior de marca y artesanías de diferentes regiones del país. Este enfoque bien puede ser el modelo de lo que ocurra en el futuro.

Sin embargo, si bien el acuerdo de asociación de la UE con México tiene 10 años, no existe aún una asociación estratégica con Brasil. Esto se debe en parte al interminable proceso de negociación con el Mercosur, la emproblemada y todavía incompleta unión aduanera latinoamericana.

En la actualidad, la UE se encuentra negociando acuerdos de liberalización comercial con todos los bloques regionales de América Latina: el Mercosur, la Comunidad del Caribe, el Mercado Común de América Central y la Comunidad Andina. La UE debe instar a sus socios latinoamericanos a profundizar la integración. Adoptar una "regla de origen" común para sus productos sería un incentivo para liberalizar aún más su comercio internacional, lo que permitiría aumentar su volumen.

La liberalización completa del comercio en América Latina, si bien puede resultar difícil de lograr, debe ser un elemento central en la estrategia de la UE, e impulsaría el crecimiento económico. Incluso si los aranceles y cuotas aduaneras se reducen progresivamente, los flujos comerciales pueden seguir siendo bajos si persisten otros altos costes para el comercio, por lo que la cooperación de la UE debe apuntar a reducirlos.

El tema crucial es el acceso a los mercados. La mayoría de los países latinoamericanos todavía obtienen pocos resultados de sus iniciativas para exportar a Europa; las excepciones son las materias primas y los recursos energéticos. Después de la creación del área de libre comercio entre Chile y la UE, las exportaciones chilenas a la UE aumentaron de manera significativa. Sin embargo, en el caso de la liberalización del comercio entre la UE y México, el crecimiento de las exportaciones desde la UE ha superado el de las exportaciones a Europa, lo que ha generado un creciente déficit comercial mexicano con la UE.

Esto no condice con las proclamas de la UE desde la cumbre de Río en 1999 de que América Latina es un socio político y económico vital. Se precisa de un cambio en el enfoque de Europa si se ha de crear una asociación estratégica.

La Comisión Europea comprende esto. Aunque la UE no tiene una asociación estratégica con Brasil, tiene la intención de dar pasos en ese sentido lo más rápido que sea posible. A mediados del 2007, la Comisión confirmó que revisará el diálogo de la UE con el Mercosur, con el fin de dar nuevos ímpetus a las negociaciones.

Sin embargo, hay gran conciencia de que la esperanza de la UE de establecer una relación especial con Brasil no debe ser un obstáculo para la integración regional ni empeorar las asimetrías y desequilibrios dentro del bloque. Para que América Latina se convierta en un socio estratégico de la UE y un mercado más atractivo para las compañías europeas, las instituciones europeas deben volverse más sensibles a las necesidades de la región.

Sería prometedor un nuevo comienzo de la UE con Brasil y México, debido a la fuerza de motivación que tendría con otros países, pero esto debe ir acompañado de medidas para que todos los países de América Latina sigan a bordo. De lo contrario, América Latina bien puede terminar siendo la próxima oportunidad de negocios perdida para Europa.

* Carlo Secchi es vicepresidente del Istituto per gli Studi di Politica Internazionale (ISPI) en Milán y Director de ISLA (Instituto de Estudios Latinoamericanos y Economías de Transición) en la Universidad Bocconi.

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